Si uno se asoma y ve lo que está pasando en el país de inmediato se pregunta ¿qué sigue? y ¿cómo le vamos hacer?, basta solo unos datos para entender de qué estamos hablando.
Primero, el maíz es el símbolo de la mexicanidad, pero resulta que las tortillas o los tacos que nos comemos día a día están hechos en gran parte de maíz importado, ya que solo producimos aproximadamente 25 millones de toneladas e importamos otras 25 para complementar el consumo de la población.
Segundo, la gasolina que consumimos también es en gran parte importada, pasamos de ser un país productor de petróleo a un país con la necesidad de importar alrededor de 600 mil barriles diarios de gasolina para evitar el desabasto.
Tercero, las remesas, aunque disminuyeron un 5.8% en 2025, son el mayor ingreso que tiene el país, es dinero que los paisanos envían y la mayor fuente de ingresos de México.
Cuarto, hay una deuda pública como nunca, en 2025 alcanzó el 52% del producto interno bruto, eso significa que cada mexicano debe alrededor de 132 mil pesos.
Sin embargo, las reservas internacionales del país al cierre de 2025 rondan los 252 mil millones de dólares, un máximo histórico en las reservas del Banco de México que garantizan la operación económica.
Finalmente, la relación peso dólar a pesar de la incertidumbre global se mantiene en la franja de los 18 pesos por dólar, cuando hace unos 7 años todo mundo apostaba que se iría a más de 20 pesos.
La economía de México es un claroscuro que es muy difícil de pronosticar, pero México se mantiene como una de las mejores opciones financieras del mundo, un dólar aquí paga más intereses que en otros países. Pero este claroscuro no puede mantenerse por mucho tiempo, más temprano que tarde la incertidumbre dará paso a otro panorama económico y hay que tener opciones a la mano para atender la crisis que se asoma y que es imposible evitar.








