No pienso constituirme en abogado de oficio de nadie, pero el trascendido circulado en días pasados sobre la supuesta denuncia —o, mejor dicho, querella— presentada en contra del excandidato a la presidencia municipal de Querétaro, José María Tapia Franco, por la probable comisión del delito de violencia intrafamiliar, debe encender dramáticamente los focos de alerta en la llamada clase política del estado y, particularmente, en las instituciones de impartición de justicia.
Verá usted, estamos en uno de esos escenarios tan peculiares en la vida política de México en que malo si pasó y malo si no. Resulta que, de tratarse de hechos ciertos, es evidente que al filtrarse se violaron todos los protocolos nacionales e internacionales de protección a la víctima y de datos personales. Pero lo más grave es que se estaría revictimizando a la ofendida y el principio constitucional de presunción de inocencia del probable responsable. Todo este cúmulo de situaciones dejaría sumamente mal parado al tan presumido “sistema sinergia”, evidenciando deficiencias que el Fiscal del Estado tendría que explicar con algo más que un boletín de prensa de esos que no dicen nada, pero ocupan mucho espacio.
Aquí lo que realmente se ha roto, más allá de la ley —que en estos casos suele ser una sugerencia flexible—, es el pacto de caballeros (o de bribones, según se vea el cristal). En la política mexicana siempre existió una frontera sagrada, una especie de barda de nopal que separaba el mitin de la alcoba. Se podía llamar al rival ladrón, inepto, saltimbanqui o hasta “traidor a la patria” sin que nadie se despeinara, pero las sábanas se lavaban en casa y con la puerta cerrada. Al elevar el chisme de lavadero a rango de noticia “confirmada” por fuentes anónimas, han decidido que la familia es un daño colateral aceptable en la contienda. Han dinamitado ese puente de civilidad mínima y se han llevado de corbata la presunción de inocencia, ese concepto tan elegante que en los tribunales se defiende con toga y en las campañas se arrastra por el lodo.
Porque hoy, en Querétaro, ya no importa si existe un sello de recibido o si el fiscal de turno ha visto un solo papel; el tribunal de las redes y la nota “filtrada” ya dictaron sentencia de muerte social. Es una bajeza de diseño donde el golpe no busca justicia —la justicia es lenta y aburrida— sino simplemente que el rival no pueda asomarse a la calle sin que el vecino lo mire de reojo. Si la regla ahora es que todo se vale, incluso lo que no se puede probar, estamos ante una política de caníbales donde el postre es la honra ajena. Han decidido que el honor es un lujo que la política queretana ya no se puede permitir, y lo han cambiado por una guerra de lodo donde todos terminan igual de sucios, pero algunos con la sonrisa del que tiró la primera piedra escondido tras un teléfono celular.
Lo más preocupante de este lodazal es el mensaje que se envía al ciudadano de a pie. Si a un personaje público, con recursos y reflectores, le pueden inventar —o ventilar— un expediente con tal impunidad, ¿qué puede esperar el ciudadano común de sus instituciones? Esta degradación de la política no solo ensucia nombres, sino que espanta a cualquier perfil decente que pudiera haber pensado en participar. Al final, nos quedaremos con una clase política compuesta únicamente por aquellos que tienen la piel lo suficientemente gruesa como para no sentir la vergüenza, o lo suficientemente sucia como para que una mancha más no se note.
En esta jugada de “todos pierden”, solo podemos esperar que alguien ponga el manotazo en la mesa, porque a la larga, a nadie le favorece que la política se convierta en un patio de vecindad con ínfulas de juzgado. Si el estándar de la contienda va a ser el hurgar en las sábanas ajenas bajo el amparo de la sospecha, entonces que nos avisen para ir comprando cloro, porque el hedor de esta estrategia va a ser insoportable para cualquier olfato medianamente decente.
“En la política mexicana, la justicia es como las amantes de los políticos: todos saben que existen, pero nadie las presenta en público si no es para arruinarle la fiesta al vecino; así que, si usted busca la verdad, mejor vaya al confesionario, porque en las redes sociales solo encontrará el guion de una comedia de enredos escrita por un loco y dirigida por su peor enemigo.”
El Club de los Municipios con Estrella.
Hay noticias que, de tan buenas, parecen redactadas por un optimista profesional en un día de campo. Ahí tiene usted el caso de Chepe Guerrero, el alcalde de Corregidora, quien acaba de treparse al podio nacional al rendir protesta como presidente de la Red de Municipios con el Más Alto Índice de Desarrollo Humano en México (M20). El nombre suena a grupo de superhéroes de la administración pública, y no es para menos: se trata de un selecto club avalado por el PNUD, esa instancia de las Naciones Unidas que se dedica a medir con regla y compás qué tan bien (o qué tan espectacularmente bien) se vive en ciertos rincones del mapa.
Verá usted, esto no es poca cosa. En un país donde lo común es que los alcaldes se peleen por ver quién hereda el bache más profundo, Chepe ha logrado que Corregidora sea el eje de un mecanismo “técnico y colaborativo”. La idea es tan noble que hasta suena extraña en la política: que los municipios que ya “la armaron” en calidad de vida le echen la mano a los que todavía vienen rezagados. El plan de Guerrero tiene tres ejes que parecen diseñados para no dejar a nadie atrás: acompañamiento estratégico, fomento económico y la famosa proyección internacional, que en términos llanos significa poner a Corregidora en el aparador del mundo para que lleguen las oportunidades antes de que se las ganen otros.
Con un espíritu que el alcalde califica de “profundamente inclusivo y no partidista” —palabras que en estos tiempos valen su peso en oro—, Chepe ha prometido poner su tiempo y capacidad para que, al final del día, todos los integrantes de la red queden “muy satisfechos”. Hubo, por supuesto, una firma simbólica y el anuncio de una Presidencia Colegiada para el periodo 2026-2027 que parece un reloj suizo de la gestión local. Es, sin duda, un triunfo que pone la vara muy alta; porque una cosa es gobernar un municipio y otra, muy distinta y más meritoria, es que las Naciones Unidas lo pongan a uno de ejemplo para que los demás aprendan cómo se hace la tarea sin despeinarse.
“La política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres, con el pretexto de proteger a los unos de los otros; pero cuando llega un logro como este, uno casi llega a creer que el pretexto es verdad y que todos vamos a terminar viviendo como si el dinero fuera de otros.”
El Galeón Albiazul y sus Capitanes de Papel.
Aunque los panistas se empeñan en decir que hay unidad y que en su casa no hay platos rotos ni portazos, los hechos dicen cosas muy distintas, y con un lenguaje bastante más rudo. Verá usted, más tardó Pancho Domínguez en manifestar sus intenciones de contender por la dirigencia nacional de su partido —por cierto, de la mano o con la bendición del gobernador Mauricio Kuri, que en este enredo ya no se sabe quién es el guía y quién el turista—, que el diputado Guillermo Vega en atestarle un chingadazo entre ceja, oreja y madre. El argumento de Vega fue de una corrección política casi celestial: alegó que para la dirigencia nacional “toca mujer”. Y lo más asombroso no fue el golpe, sino que Pancho lo aceptó con una docilidad que no le conocíamos, dejando en claro que el control del partido lo sigue teniendo, les guste o no, el grupo de Ricardo Anaya Cortés.
Sin embargo, lo más curioso de esta tragicomedia albiazul es que nadie pone orden al galimatías. La sucesión a la gubernatura tiene el rumbo de una brújula imantada en medio de una tormenta eléctrica, y la de la capital sufre de una enfermiza dependencia de la primera. La militancia ya se ve cansada de tanto jaloneo, los mecenas están más confundidos que un daltónico frente a un arcoíris y la prensa anda loca tratando de adivinar quién es el bueno de la semana. Y justo cuando uno pensaba que ya no cabía un pleito más, abren otro frente donde, evidentemente, la ventaja es “anayista”.
Parece que la ceguera de taller en el PAN es tan profunda que ya ni siquiera ven la pared contra la que van a chocar. Por ello, harían bien en dejar de mirarse el ombligo y prestar atención a la pregunta que lanzó al aire el diputado naranja Paul Ospital: ¿Quién manda realmente en el PAN? Porque ahora mismo el partido parece un barco con muchos capitanes, demasiados mapas y ningún timón que funcione.
“En el PAN, la unidad es un concepto tan abstracto que solo existe cuando todos están de acuerdo en quién va a ser el próximo sacrificado; es el único lugar del mundo donde uno puede entrar como capitán, salir como grumete y agradecer el ascenso, siempre y cuando el que manda desde el hemiciclo de reforma le dé permiso de usar el uniforme.”
Entre la Patrulla Espiritual y la Aritmética Conveniente
Y como ingrediente nada secreto al sainete panista, súmele usted la esquizofrenizante campaña del Senador Agustín Dorantes Lambarri. El muchacho anda en un frenesí que lo mismo lo lleva a pintar una barda al puritito estilo del extinto Pepe Bailón, que a encomendarse a la “patrulla espiritual” en un despliegue de fe que ya quisiera la Sagrada Familia, para luego terminar en una entrevista con Adela Micha que destila una desesperación casi poética. Pero lo que realmente motiva estas líneas es su última genialidad estratégica: el argumento de que él es el panista más votado de todos los suspirantes a suceder al gobernador Mauricio Kuri.
Sin embargo, a la inocente criaturita se le olvida un pequeño detalle de la aritmética electoral: el Senado se vota en fórmula, y esa fórmula la encabezó Guadalupe Murguía Gutiérrez. Doña Lupita es, por cierto, el común denominador en las dos últimas batallas donde el PAN ha logrado conservar la plaza frente a la aplanadora guinda. Así que, siguiendo la lógica de Agustín, si de votos hablamos, la verdadera dueña de la máquina —y la más rentable— es la “Dama de Platino”. Lo de Agustín suena más bien a esa vieja costumbre de colgarse la medalla del esfuerzo ajeno. ¿O será que estamos ante un caso de violencia política simbólica, donde el deporte favorito es invisibilizar a la mujer para que el caballero pueda presumir un músculo electoral que no es suyo?
“En el PAN de Querétaro, la victoria tiene madre y se llama Lupita, pero el hijo anda por ahí pintando bardas y pretendiendo que nació por generación espontánea en las urnas; es el primer caso documentado de un político que cree que, si se sube a los hombros de una gigante, el que creció fue él.”
El Oasis de la Agencia y el Canto de las Sirenas.
Quien ha resultado una grata excepción ante esta vorágine de intenciones y codazos es el director de la Agencia de Movilidad, Gerardo Cuanalo Santos. Verá usted, en un ecosistema donde todos corren antes de saber caminar, Cuanalo parece haber entendido que el puesto no es un trampolín de gimnasio, sino una silla eléctrica que solo se enfría con trabajo. A pesar de tener legítimas aspiraciones —basadas en resultados constantes y sonantes al frente de la institución—, no se ha dejado llevar por el canto de las sirenas que hoy tienen a medio gabinete estatal ensayando el discurso de toma de posesión frente al espejo.
Sabe perfectamente que su apuesta está sujeta a las consecuencias de la decisión que se tome para “la grande”, y bajo la máxima de que chamba mata grilla, levanta la mano sin levantar ámpulas. Es, digamos, un espécimen raro en la fauna política local: un funcionario que prefiere que hablen sus camiones antes que sus bardas. Mientras otros se desviven por aparecer en la sopa, él se mantiene en su carril, consciente de que, en el juego de la sucesión, el que se mueve para la foto suele salir borroso, pero el que se queda trabajando a veces es el único que llega a la meta con el traje limpio.
“La política es el único oficio donde uno puede estar sentado esperando el autobús del destino y, si llega a tiempo, decir que uno mismo lo venía manejando; pero cuidado, que en este juego, si te subes antes de que se detenga, lo más probable es que termines debajo de las ruedas y con el cobrador pidiéndote la cuenta.”
Del Mitin al Muro de Beaumont.
¿Usted se acuerda del malogrado candidato a la gubernatura por el extinto Fuerza por México, Juan Carlos Martínez Cecias? Sí, ese mismo que en campaña amenazaba con meter al bote a todo mundo y que, con los pulmones llenos de una valentía muy sospechosa, vociferó en un aeropuerto sendas consignas en contra de su adversario. Pues le cuento: resulta que el angelito, conocido en la queretaneidad de pipa y guante como el “Jamel”, se encuentra hoy calentando cemento en la Federal Correctional Institution, Beaumont.
Para los que no dominan el mapa carcelario del vecino país, se trata de una prisión federal de máxima seguridad donde el susodicho purga condena luego de haberle picado los ojos a diversos empresarios con una cifra nada despreciable: más de 30 millones de dólares. Pero, aunque usted no lo crea, el encierro no le ha quitado lo gallito. Sigue igual de soberbio, apostando a que las “buenas conciencias” de los queretanos a los que defraudó tengan la memoria tan corta como su historial de honestidad. El “Jamel” espera pacientemente a que los delitos caduquen en México, soñando con el día en que pueda salir de los unites para regresar a tierras gallas, confiando en que para entonces Don Víctor de Jesús no tenga una celda con su nombre esperándolo.
“La justicia es una cosa muy curiosa: cuando un político dice que va a meter a todos a la cárcel, generalmente está hablando de su futura lista de invitados para el intercambio de cigarrillos en la prisión; el problema no es que nos engañe, sino que espera que olvidemos el engaño antes de que él olvide cómo se abre una puerta desde afuera.”
Lenguas Viperinas.
Dicen fuentes nacionales que la ventaja del PAN en Querétaro y Aguascalientes es, hoy por hoy, un frágil juego de percepción. Sin embargo, el tablero ha recibido un sacudón: la detención en Jalisco del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Usted dirá que Guadalajara queda lejos, pero en política las fronteras son de papel; cuando el epicentro del ruido ocurre en el estado vecino, las ondas de choque llegan hasta las encuestas locales. La pregunta es si este golpe al crimen organizado servirá para acortar las distancias electorales, pues no hay percepción de seguridad que no se sienta vulnerable cuando las barbas del vecino se ven cortar.
“La política es el arte de convencer al pueblo de que la tormenta en la casa de junto es solo un ligero chipi-chipi, mientras uno reza para que el paraguas de la percepción no tenga agujeros; porque, al final, la diferencia entre un estadista y un optimista es que el segundo cree que el ruido de las sirenas en Jalisco es solo música ambiental para el descanso de los queretanos.”
Como siempre, la mejor opinión es la suya. Yo solo les pido que no me crean a mí, sino que les crean a sus propios ojos; y si de plano no les gusta lo que aquí se escribe, ¡por favor, no me lean! No se mortifiquen la existencia, que la vida ya es bastante complicada como para andar leyendo letras incomodas.
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