Todos los gobiernos ya sean de derecha o izquierda presentan sus
planes, sus metas y sus programas bajo condiciones objetivas del
momento, pero a muchos les pasa que las condiciones iniciales no
son las mismas con las que terminan.
Por ejemplo, López Obrador inició su gobierno y poco después le
cayó el COVID, una pandemia que provocó el cierre de ciudades
enteras, y así como llegó se fue el virus, pero también se fueron los
planes y sueños de un gobierno.
Lo que sucede con Ucrania e Irán quizá no sea tan fuerte como el
COVID, pero sí está modificando la economía internacional, por lo
pronto subieron de precio los fertilizantes, el gas, la gasolina y
muchas otras cosas.
Las presiones económicas vienen de fuera y apenas comienzan a
permear, la cadena del maíz es la más sensible de la economía
mexicana y el precio de las tortillas es el que más preocupa, por lo
pronto el INEGI alertó del aumento en el costo de la canasta básica;
sin embargo, aquí en México lo que sube, difícilmente baja.
Aún no estamos en una crisis alimentaria, los inventarios globales
de cereales están en un nivel cómodo y la inflación es manejable,
pero los riesgos están alineados de una manera que no veíamos
desde 2022.
No olvidemos que los más pobres de este país destinan la mayor
parte de sus ingresos a gastos alimentarios y los aumentos los está
golpeando, el gobierno aún tiene márgenes para mitigar el impacto
en la gasolina y el precio de la tortilla, pero de continuar la presión
en el petróleo, aunado a una baja en las remesas, hay que ir
pensando dos veces antes de sonreír.La guerra en el Golfo Pérsico no está físicamente aquí, pero sus
efectos se perciben en la mesa y en los hogares de los mexicanos
más pobres, es como una tormenta que se asoma y hay que irla
monitoreando, yo no soy taurino pero en la tauromaquia dicen que
si le pierdes los ojos al toro, te cornea.








