Los Tuertos

Revelaciones por Sergio Mtz Chavarría

En su novela El Ejército Ciego, David Toscana cuenta que en 1014, tras la batalla de Klyuch, el emperador bizantino Basilio II tomó 15,000 prisioneros búlgaros. Los cegó a todos, salvo a uno de cada cien, a quien dejó tuerto para que guiara a los demás de regreso. Cuando el zar Samuel de Bulgaria vio a su ejército de ciegos volver a casa, murió del impacto. No eran héroes. No eran mártires. Eran una carga y una vergüenza.

La metáfora duele porque encaja. México hoy parece gobernado por tuertos que guían a un país cegado a propósito.

La ceguera como política de Estado

El delito se comete, la autoridad lo minimiza o lo niega, y la comunicación oficial lo convierte en anécdota. Esa es la nueva doctrina: si no lo nombras, no existe. Si no existe, no hay que resolverlo. La impunidad no es un accidente. Es el eje rector.

Mientras tanto, el gobierno de la llamada transformación presume desconexión con la realidad como si fuera virtud. Los datos no ayudan al relato: la deuda pública rondará 54.7% del PIB este año y la inflación ya se disparó a 4.7% en abril. Pero el tuerto que guía dice que vamos bien y exige aplaudir.

El modelo pesa, y mucho

La cuarta transformación construyó un aparato caro. Subsidios sociales sin candados, obras faraónicas heredadas y un gasto corriente que no cede. Todo eso ya es lastre para las finanzas públicas. La disyuntiva es simple y brutal: o se ajusta el modelo o nos espera el colapso económico. No hay tercera vía, por más que el discurso insista en inventarla.

Y justo ahora viene la renegociación del T-MEC. Llegar con deuda alta, inflación desbordada y sin rumbo estratégico es sentarse a la mesa con las cartas marcadas y en contra. Negociar desde la debilidad nunca salió barato.

Política exterior dirigida por tuertos

En política exterior, los coletazos asustan al dinero. La presidenta Sheinbaum lleva más de año y medio sin reunirse con Trump, pero sí viaja a Barcelona para ver a Petro, exguerrillero del M-19 y hoy presidente de Colombia. El mismo Petro que lanzó señalamientos incómodos sobre vínculos de integrantes de la 4T con su antigua organización.

¿Quién diseña la política exterior mexicana? Porque mientras Estados Unidos presiona a Irán para desnuclearizarlo y reabrir el Estrecho de Ormuz, en Palacio Nacional se juega a desbilateralizar la relación con nuestro principal socio. En un mundo donde Washington no está de humor, confundir autonomía con provocación es caro.

México se arriesga a perder su categoría de aliado estratégico para convertirse en “gobierno hostil”. Y cuando el vecino es expansionista y está beligerante, jugarle las contras desde el hemisferio occidental es prenderle fuego a la casa propia.

El regreso de los tuertos

Como en la novela de Toscana, el problema no son solo los ciegos. El problema es el tuerto que los guía, convenciéndolos de que el abismo es planicie. Hoy ese tuerto niega la inseguridad, celebra la deuda, minimiza la inflación y cree que la geopolítica se resuelve con giras fotogénicas.

Los soldados ya volvieron. No son héroes ni mártires. Son cifras, expedientes y excusas. Y el zar no se ha muerto del susto todavía, pero el país sí se está quedando ciego de tanto seguir a quien solo ve con un ojo.

La tragedia griega era inevitable. La mexicana, todavía no. Pero para evitarla, primero hay que dejar de marchar detrás de tuertos.

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *