Dante Alighieri escribió su obra maestra, La Divina Comedia, entre 1304 y 1321. Dividida en 100 cantos, trazó un viaje por tres reinos de ultratumba: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Una reflexión brutal sobre el alma humana, escrita mientras su mundo se caía a pedazos entre guerras, peste y traiciones.
Setecientos años después, México no necesita traducir a Dante. Lo estamos viviendo.
El círculo de las fosas
El reciente informe del Comité de la ONU contra Desapariciones Forzadas es nuestro Virgilio. Nos toma de la mano y nos baja, círculo por círculo, al infierno mexicano. Las cifras no son metáfora: más de 4,500 fosas clandestinas, 6,200 cuerpos y 72,000 restos humanos. Alcanzan para llenar el nuevo Estadio Banorte Azteca. Pero aquí no hay gol. Solo silencio.
Y en este infierno, las madres buscadoras son nuestra Beatriz moderna. Con pala y pico, sin mapa y sin escolta, guían al país por un descenso que nadie más se atreve a nombrar. No buscan castigo ni venganza. Buscan huesos. Y eso, en el México de 2026, ya es un acto subversivo.
El círculo de los otros datos
Lo dantesco no acaba en la fosa. Continúa en Palacio. Porque ante el informe de la ONU, la respuesta oficial fue de manual: descalificar, minimizar, acusar falta de rigor. “Nosotros tenemos otros datos”.
Claro. En el infierno mexicano, los otros datos son el noveno círculo. Ahí habita el cinismo que congela. El que mira 72,000 fragmentos humanos y responde con un boletín. El que acusa a las madres de hacerle el juego a la derecha, como si enterrar a un hijo fuera ideología.
Así la mentira. Así la simulación. Así la desfachatez que ya no se molesta en disfrazarse.
El círculo de la ONU que no sirve
La credibilidad está tan enterrada que las madres buscadoras decidieron llevar el caso a la Asamblea General de la ONU. Esa misma ONU que el gobierno desprecia cada que puede, diciendo que no sirve para nada. Curioso: no sirve, pero le temen.
¿A qué le teme la 4T? ¿A que el mundo vea que el país se convirtió en lo que Dante apenas imaginó? ¿A que alguien confirme que aquí el Estado no busca, sino que estorba?
El cementerio más grande del mundo
Dante describió nueve círculos. A México le bastó con uno: el de los desaparecidos. Y lo replicó en cada estado, en cada municipio, en cada cerro. Nuestro territorio se está convirtiendo, por partes, en un enorme cementerio sin lápidas, sin nombres, sin duelo.
Esto ya no es crisis. Es condena. Es un infierno de Dantesco, con olor a tierra removida y a cal.
La Divina Comedia terminaba en el Paraíso. Dante salió. Vio las estrellas.
Nosotros seguimos con la pala en la mano, preguntándonos si este infierno tiene salida o si el tuerto que nos gobierna ya firmó contrato para quedarnos a vivir aquí.
Y mientras tanto, desde arriba, nos recetan “otros datos” como si fueran agua bendita.








