Hogueras y condenas

por Sergio Martínez Chávarria

En el siglo XIII el Papa Inocencio III miró el Languedoc y dijo: “qué fastidio estos cátaros que traducen la Biblia, critican mi oro y dejan que las mujeres prediquen”. Solución medieval: Cruzada Albigense. En Béziers el legado papal lo resumió con eficiencia administrativa: “Mátenlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”. Veinte mil personas después, Montségur ardía y la Inquisición tenía su primera franquicia exitosa.

Ocho siglos después, el gobierno de la Cuarta Transformación mira a su alrededor y piensa: “qué fastidio estos tipos que traducen datos, critican mi austeridad republicana y señalan que el tren se descarrila”. Solución 4T: el acordeón judicial. No hace falta quemar gente en la plaza pública cuando puedes quemar expedientes y candidaturas.

La herejía entonces y ahora

Los cátaros tenían la audacia de vivir en austeridad real. Rechazaban el diezmo, repartían el sermón con mujeres “perfectas” y hasta convivían con judíos y musulmanes. Escándalo total para una Iglesia que confundía majestuosidad con espiritualidad.

Hoy la herejía es señalar que la austeridad es un PowerPoint. Que las obras faraónicas se convierten en vías férreas faraónicas: el Tren Maya y el Tren Interoceánico, ambos con descarrilamientos incluidos. Como la Iglesia vendía indulgencias, acá se vendían rieles corrientes a precio de oro bizantino. La corrupción es la misma, solo que ahora se clasifica como “seguridad nacional” y por eso no existe. Datos incómodos: inexistentes por decreto.

Los “cátaros” y los que piensan diferente.

La Inquisición no soportaba que alguien dijera: “el Papa se equivoca”. Lo declaraba hereje y lo mandaba a la hoguera. La 4T no soporta que alguien diga: “el presidente se equivoca”. Lo declara fifí, conservador, opositor moralmente derrotado, y lo manda a la hoguera mediática. Televisa, TV Azteca, Loret, Brozo: todos portadores de San Benito mediático. No hace falta edicto papal cuando tienes la mañanera y la etiqueta de “ataque a la libertad de expresión” es para el que pregunta, no para el que censura.

Las reformas: edictos papales con otro nombre

En 1231 la Inquisición inventó los tribunales para perseguir herejes. En 2024 la 4T inventó las reformas para perseguir jueces incómodos. Mismo mecanismo, diferente tipografía: antes era “por el bien de tu alma”, ahora es “por el bien del pueblo”. El resultado es idéntico: el poder judicial se llena de incondicionales. No “perfectos” cátaros, sino “acólitos” adoctrinados que pasan el acordeón y se sientan a dictar justicia con lealtad ciega.

La soberanía selectiva

La Inquisición inventaba amenazas externas para tapar que el poder se pudría desde dentro. La 4T inventa amenazas externas para tapar que el 40% del territorio ya lo administra el enemigo interno con más eficiencia fiscal que el SAT. Mientras tanto, el Secretario de Guerra de Estados Unidos Pete Hegseth dice que va a actuar si México no juzga a sus narco-políticos. Respuesta 4T: encubrir. Porque admitir que el problema está dentro rompería el dogma. Mejor gritar “soberanía” mientras el fentanilo cruza la frontera en ambas direcciones.

El aldeano y el espejo retrovisor

La Inquisición miraba al cielo para justificar el infierno en la tierra.

La 4T mira al pasado para justificar el presente. Exige perdón a España por algo que ocurrió hace 500 años, cuando México no existía y España tampoco. Es avivar las hogueras de nuevo: si no puedes resolver el hoy, abre un juicio histórico y condena a los muertos. Así nadie te pregunta por los vivos.

La armadura abollada

En Montségur los “perfectos” se lanzaron al fuego porque creían que el mundo material era malo. Hoy los diputados de la 4T evitan ponerse la camisa “Yo estoy con Rocha Moya” porque saben que el mundo material huele a fentanilo y salpica.

El dogmatismo es el mismo: prefiere que el país se vaya al barranco antes de que se toque una sola cabeza del movimiento. El efecto dominó da terror. Si cae uno, caen todos. Así que mejor nadie cae. Nadie renuncia. Nadie explica.

Epílogo: hogueras sin fuego

La Inquisición quemaba cuerpos para apagar voces.

La 4T asfixia voces para fingir que no hay cuerpos. Quita observadores electorales, amenaza con quitar libertades de expresión, llama “golpismo” a la crítica. Todo en nombre de la democracia.

Pero los cátaros perdieron y la historia los recuerda por traducir la Biblia. La 4T va perdiendo y la historia la recordará por traducir la corrupción al lenguaje de la austeridad.

Las voces que quieren seguir viviendo en este país no van a permitir que nos ahoguen en el oscurantismo. Porque aunque cambien los papas, los aldeanos y los trenes, hay algo que no cambia: cuando apagas todas las luces, hasta el ciego se da cuenta de que algo huele mal. Ya huele a Huachicol , Fentanilo y Humo de cuerpos quemados , otra vez .

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