En estos tiempos, lo común es que todos tengamos un celular,
incluso muchos niños y jóvenes tienen su propio teléfono, pero el
pasar tanto tiempo en él les está provocando más daño que bien.
Cada vez es más común que los jóvenes vean contenidos para
adultos en internet y en las redes sociales, el 12% lo consume
antes de los 10 años y 71% entre 11 y 15 años.
Pero lo que nadie ve, es que este tipo de contenido hace que en
un futuro los jóvenes desarrollen dependencia, ansiedad,
depresión e incluso conductas agresivas.
Y aunque los padres los vigilen y traten de evitarlo, esa lucha
entre hormonas y neuronas hace que los jóvenes busquen un
medio para continuar viendo ese contenido y las escuelas se
convierten en el lugar ideal por el tiempo que pasan ahí con sus
amigos, los que se convierten en el medio para poder acceder al
porno, ya que se prestan el celular o lo ven juntos en los
momentos que conviven.
Muchos sugieren como solución quitarles el celular a los jóvenes,
restringir su uso; sin embargo, esto no resuelve el problema, es
represivo, es como tomar una aspirina para combatir el cáncer.
El silencio no es una opción, si sólo les quitamos el celular pero no
les explicamos el por qué, solo provocaremos que busquen
maneras para conseguir uno en el cual puedan seguir viendo las
redes sociales y la información del porno.
La solución siempre es la educación, hay que mostrarle a los
jóvenes los valores con los que crecimos y enseñarles a discernir
entre lo que está bien y lo que está mal, para que así terminen
ganando las neuronas a las hormonas.








